Palacio Condal
El Palacio Condal de Oropesa emerge como un fascinante testigo de la nobleza castellana, un sitio donde el eco de batallas y reformas imperiales aún resuena entre sus muros. Este conjunto, pegado a un castillo de origen medieval, dio vida al Palacio Viejo en el siglo XIV con un refinado estilo gótico-mudéjar, mientras que el Palacio Nuevo, de corte renacentista, tomó forma principalmente en el siglo XVI, inspirado en el sobrio estilo herreriano y posiblemente diseñado por un discípulo como Francisco de Mora.
La influyente familia Álvarez de Toledo ganó el título condal el 30 de agosto de 1475, un premio de Isabel la Católica por su respaldo clave en la Guerra de Sucesión Castellana contra Juana la Beltraneja y sus aliados portugueses, convirtiendo el palacio en eje de un vasto dominio que dominaba el occidente toledano. Precisamente aquí, en 1515, nació Francisco de Toledo, quien como virrey del Perú desde 1569 aplicó reformas que ordenaron el virreinato durante siglos, aunque generaron debates por su efecto en las comunidades indígenas.

El lugar también atrajo a San Pedro de Alcántara, el santo franciscano que pasó largas temporadas entre 1556 y 1562 en una celda modesta, guiando espiritualmente a los condes y sus herederos, un toque de devoción que pervive en el oratorio actual. Descubre joyas como el Peinador de la Duquesa, una torre octogonal con vistas cautivadoras al paisaje circundante, o el patio central que antaño bullía con espectáculos taurinos.

Después de daños por invasiones napoleónicas y el ocaso familiar, revivió en 1930 como el primer Parador Nacional en un monumento histórico, fusionando su herencia de poder con la calidez de hoy. Visitarlo es adentrarse en las intrigas de una saga que forjó imperios, haciendo de este rincón un imprescindible para captar el espíritu renacentista de Toledo.