El Pasadizo

Imagina un puente elevado que permitía a los nobles cruzar desde su palacio hasta la iglesia sin tocar el suelo, como si flotaran por encima de la vida cotidiana del pueblo. Eso es El Pasadizo de Oropesa, una estructura intrigante del siglo XVII que captura la esencia de la aristocracia medieval y sus caprichos.

Su origen se remonta a la ambición de Don Fernando Álvarez de Toledo, el V Conde de Oropesa, quien ordenó su construcción alrededor de 1620 para unir el Palacio Condal con la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. La idea era ofrecer comodidad y privacidad a la familia noble, evitando el bullicio de las calles empedradas.

Sin embargo, el proyecto quedó incompleto tras la muerte prematura del conde y la escasez de fondos de sus herederos, dejando solo unos imponentes arcos de ladrillo como testigos mudos de esa visión grandiosa.

Hoy, estos arcos se alzan frente a la iglesia, integrados en el casco histórico, y uno de ellos incluso forma parte de una casa restaurada que ahora acoge visitantes.

Pasadizo Oropesa